El Museo de Bellas Artes de Bilbao mostró por primera vez el nuevo Atrio Arriaga
El Museo de Bellas Artes de Bilbao abrió el pasado 24 de junio, de manera excepcional, el nuevo Atrio Arriaga, uno de los espacios más esperados de su gran ampliación arquitectónica. La jornada permitió al público asomarse por primera vez a uno de los grandes hitos del proyecto Agravitas, diseñado por Norman Foster y Luis María Uriarte, antes de la reapertura oficial del museo, prevista para el 5 de octubre.
La apertura, organizada con el apoyo de BBK Banku Fundazioa, convirtió el museo en escenario de una jornada muy especial. Durante todo el día, de 10:00 a 20:00 horas, los visitantes pudieron acceder al nuevo atrio y contemplar el avance de una transformación que marcará una nueva etapa en la historia del Museo de Bellas Artes de Bilbao.
El nuevo Atrio Arriaga está llamado a convertirse en el corazón del museo. Situado entre el edificio clásico de 1945 y el edificio moderno de 1970, el espacio funciona como un gran punto de conexión entre arquitecturas, épocas y maneras de entender el museo. La intervención de Foster y Uriarte respeta la identidad de los edificios existentes y, al mismo tiempo, incorpora una nueva presencia arquitectónica que abre el museo a la ciudad.
Durante la visita, el público pudo contemplar también el atrio desde la galería acristalada del edificio de 1970, que ofrecía una visión en altura del nuevo espacio. Allí se proyectó un audiovisual sobre el proceso de construcción y sobre el montaje de tres obras fundamentales que ya forman parte del conjunto: Topaketa-lekua IV, de Eduardo Chillida; Bilbo, de Richard Serra; y el Monumento a Juan Crisóstomo de Arriaga, de Francisco Durrio.
Este último monumento fue uno de los grandes protagonistas de la jornada. La obra de Durrio, realizada entre 1906 y 1933 en homenaje al compositor bilbaíno Juan Crisóstomo de Arriaga, ha sido restaurada de forma integral y vuelve ahora a ocupar un lugar central en el museo. Su figura principal representa a Euterpe, musa de la música, en actitud de duelo por la muerte prematura del compositor. La restauración ha permitido recuperar también la sonoridad original de la fuente, concebida por Durrio como un homenaje a la permanencia de la música de Arriaga.
Junto a esta pieza histórica, el nuevo atrio acogió otras dos obras monumentales de gran importancia. Topaketa-lekua IV, de Eduardo Chillida, regresó al museo tras su estancia temporal en Chillida Leku y fue presentada suspendida de la estructura principal del nuevo edificio. La escultura, de más de 13 toneladas, cuelga de tres tirantes de acero y refuerza la dimensión escultórica y arquitectónica del espacio.
También pudo verse Bilbo, de Richard Serra, la primera obra que el artista estadounidense realizó en Bilbao. Creada en 1983 con motivo de una exposición en el propio museo, está formada por dos grandes bloques de hierro fundido colocados en un equilibrio aparentemente inestable. Su incorporación al Atrio Arriaga suma una nueva capa simbólica a este espacio, que se presenta como una gran galería escultórica abierta a la ciudad.
La jornada tuvo además una dimensión musical. Por la tarde, y exclusivamente para la Comunidad de Amigos del Museo, la Sociedad Filarmónica de Bilbao acogió el estreno de Lau Agravitas, un concierto para cuarteto de cuerda compuesto por Gabriel Erkoreka, Zuriñe F. Gerenabarrena, Isabel Urrutia y Javier Quislante. La cita se enmarcó en el bicentenario del fallecimiento de Juan Crisóstomo de Arriaga y reforzó el diálogo entre arquitectura, escultura, música e historia.
Tras esta apertura excepcional, las obras de ampliación del museo continuarán hasta la reapertura prevista para el 5 de octubre. Durante el verano, el Museo de Bellas Artes de Bilbao mantiene su programación con exposiciones como Denise Scott Brown. La ciudad. La calle. La casa, hasta el 16 de agosto, y Paralelos y meridianos. Colección Iberdrola, hasta el 30 de agosto.
En septiembre, el museo cerrará temporalmente al público para completar el montaje de sus colecciones, preparar el programa inaugural y poner en marcha los nuevos servicios de acogida, tienda y cafetería.
El nuevo Atrio Arriaga dejó ver, aunque fuera solo por un día, el alcance de la transformación que está viviendo el Museo de Bellas Artes de Bilbao. Un espacio luminoso, monumental y abierto, donde la arquitectura contemporánea convive con algunas de las grandes obras de la colección y donde el museo empieza ya a mostrar la forma que tendrá su nueva etapa.

