La periodista y escritora Mabel Andreu nos cuenta su viaje en grupo a Uzbekistán
Uzbekistán, es uno de esos destinos que comienzan a sonar en la mente de muchas personas.
Normalmente con el nombre del país no terminamos de ubicarlo en el mapa, ni citar seguido algunas de sus ciudades pero cuando se nombra a una de ellas, entonces un halo de magia y curiosidad resuena con fuerza, Samarcanda.
Alejandro Magno cayó rendido ante su belleza y al verla por primera vez dijo : “Todo lo que había oído sobre Samarcanda es verdad, excepto que es más hermosa de lo que había imaginado”
El día 17 de septiembre comenzaba el viaje de 11 días de un reducido grupo de personas que habían confiado en Qualia Viajes para hacer realidad su sueño, descubrir Uzbekistán, el país que nos fascina con su historia de la Ruta de la Seda.
Una de las viajeras del grupo, Mabel Andreu, periodista y escritora de títulos como ‘’El aliento del dinosaurio’’ y del cuento infantil ‘’Doña Desastre’’ ha querido plasmar su experiencia en este interesante relato de su viaje por Uzbekistán.
Uzbekistán, mucho más que Samarcanda
Llevaba toda la vida deseando conocer Samarcanda, un lugar de oriente con resonancias míticas. Hasta hace unos meses no sabía ni dónde se encontraba. Ahora, de regreso de un viaje de once días por Uzbekistan, puedo situarla en el mapa y también sé que es un país que va más allá de la ciudad de nombre evocador.
Acabo de regresar y quiero escribir rápido porque estoy segura de que a medida que pase el tiempo este cúmulo de lugares se irá desdibujando. Ahora tengo una superposición de imágenes impactantes, de elementos arquitectónicos con personalidad propia, alejada de lo que haya podido ver en otros países del mundo islámico. Cúpulas en forma de medios huevos cubiertos de azulejos vidriados en color turquesa, junto a otras con nervios también decorados que las recorren desde la cima hasta la base a modo de finos gajos de mandarina. Interiores con maravillosos techos artesonados, madrazas, mausoleos, mezquitas… Un largo paseo desde el siglo XIV hasta el XX descubriendo edificios del pasado, muchos reconstruidos después de la devastación que los ha derribado, bien sea a manos de los diferentes conquistadores (como Gengis Khan) o por los terremotos que periódicamente les visitan.
Hemos visto numerosos complejos arquitectónicos de nombres difíciles de recordar. Tan solo me he quedado con la plaza de Registan en Samarcanda y con la de Poi Kalon en Bujara. También me acompaña la imagen de la gran necrópolis en Samarcanda en la que destaca el mausoleo de Gur Emir, encargado por Timur para el nieto que murió en medio de una batalla en Asia Menor.
Con ser este patrimonio artístico muy importante y único, lo que sé que sedimentará en mi frágil memoria serán las emociones, los pequeños momentos que resuenan en mi interior. Por ejemplo, la sorpresa del mercado oriental de Chorsu en Tashkent, de estructura circular, y con una súper abundancia de frutos secos y especias en su piso superior y un trasiego enorme de carnes y huesos en la inferior. Otro momento para mí muy especial fue el de la cena en Samarcanda en un local amplísimo de dos pisos donde se celebraban muchos encuentros familiares, generalmente cumpleaños. Cada poco tiempo escuchábamos, supongo que cantado en uzbeko, el Happy Birthday To You acompañado de profusión de bengalas. Mientras en otra gran sala contigua, teñida de luces estroboscópicas con aire discotequero, muchas mujeres bailoteaban al son de sus ritmos de moda. Creo que la joya de la corona de mis recuerdos especiales podría ser la visita en Bujará, sin gente, del mausoleo de Ismael Samani bañado por la luz del atardecer. ¿Y cómo no recordar la puesta de sol desde la terraza de un café en Poi Kalon?
El broche final de este viaje “iniciático” al Asia central fue Khiva, la pequeña ciudad recogida tras su muralla de adobe en la que hasta los siempre presentes puestos de “souvenires” se integran de forma natural en aquel decorado.
Ha sido un viaje lleno de sorpresas que me ha servido para constatar el enorme desconocimiento que tenía acerca de Uzbekistan. Ahora, además de la emoción de ver las maravillas de la antigüedad teñidas de ecos de “Las mil y una noches” he descubierto un país interesantísimo, acogedor, seguro, de gentes diversas y siempre amables. Un lugar en pleno proceso de transformación económica y social que, al mismo tiempo defiende sus signos de identidad. Especial sorpresa ver mujeres profesionales ejerciendo como guías competentes con dominio de varios idiomas y conocimiento de la realidad de su país. Ellas luchan por ocupar un lugar en el mundo, aunque tengan hijos pequeños y problemas de conciliación. Todo mi respeto y admiración (encantadoras Aydin y Dilia).
En cuanto a la calidad del viaje solo puedo decir que la Q de Qualia es claro sinónimo de calidad. Hemos vivido un despliegue de eficacia, amabilidad y simpatía a cargo de Gotzon Sabas con quien hemos tenido la inmensa fortuna de compartir estos once días inolvidables. QUALIA FOR EVER
Mabel Andreu
29/09/2024
Sobre Qualia Viajes
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