Entrevista a Ander Aldekoa, CEO y fundador de la marca de moda sostenible Nabari

Nabari apuesta por polos con chips incorporados con la llamada «molecula de la felicidad»

Ander Aldekoa se define como una persona normal, aunque no lo es en absoluto. En el buen sentido de la palabra claro. Ya desde muy jovencito, se involucró en proyectos y labores sociales y destacó entre sus compañeros de clase. Con el paso de los años, lo más lógico era dar el gran salto y concentrar sus energias en algo propio, algo que definiera su personalidad, estilo de vida e inquietudes. Fué un poco por casualidad, pero el destino quiso que creara su propia firma de moda: Nabari.

Charlamos con el diseñador, que nos ha contado un poco cómo surgió esta mágica aventura.

Ander, Háblame un poco de ti. ¿De dónde te viene esa pasión por emprender?

Bueno, pues soy un chico normal, sociable a la par que tímido., creativo, imperfecto y luchador. Me siento un tanto rebelde ante las injusticias y cuando puedo hago voluntariado. Y como bien sabes, soy emprendedor.

Esa pasión por emprender me vino desde que era un crío… me encantaba hacer inventos y tratar de crear cosas a las que encontraba posibles mejoras o la aplicación de soluciones, pasión que me sigue acompañando. El colegio, y, por qué no decirlo, también el cine, alimentaron mi espíritu creativo y con ello vi fortalecida esa pasión, hasta que hace años me lancé a intentar crear una marca de coches ecológicos.

Años después he creado la marca Nabari, de ropa, concretamente de polos, orgánica, sostenible, ética y con innovaciones que he podido patentar con éxito. En este caso, y ahora que lo pienso, también en todo cuanto traté de hacer en el pasado, he llegado a ello porque estaba firmemente decidido a buscar y encontrar mi camino en la vida. Aquél camino que me hiciera feliz, y con esta pasión de emprender, pese a las adversidades y todo cuanto éstas acarrean, considero que soy feliz. Me encanta soñar despierto, crear cosas, buscar soluciones… y hacerlo con mis valores. Emprender con principios es lo más, porque es lo correcto, me llena, porque puedo dormir tranquilo cada noche y porque ello es un permanente aporte de felicidad.

¿Cuáles han sido los proyectos más interesantes en los que has trabajado?

Te citaría tres, aunque ahora me van viniendo buenos recuerdos de otros. Uno, el de una marca vasca de coches ecológicos, tal como te comentaba. Fue entre 2005 y 2008, me moví por diversas instituciones, hice tomas de contacto con inversores… y pese a la considerable dificultad y la paralización del proyecto, disfruté y aprendí un montón.

Otro de los proyectos, Nabari, en el que sigo y por el cual no dejaré de luchar con determinación por llevarlo adelante con el mejor de los éxitos. Decidí hacer esta marca de ropa, curiosamente, porque me topé con el mundo de la moda a raíz de haberme equivocado con un curso al que me inscribí pensado que tendría relación con el mundo del teatro. Por habérmelo tomado con filosofía y haberme animado a adentrarme en el mundo textil, vi que podía crear algo y que mis valores y mi creatividad podían estar presentes en lo que ahora es un negocio vivo, que, si bien no me hará rico, me hace feliz.

También tuve un proyecto puramente social, un par de años antes de crear Nabari. Me moví para crear una ONG de presencia online, cuya finalidad era la de aportar apoyo psicológico, consejos y guías principalmente a jóvenes, respecto a los estilos de vida saludables frente al alcohol y las drogas, respecto a la sexualidad y la igualdad, la solidaridad y la asertividad… Y aunque no pude terminar el proyecto, tengo la idea de retomarlo algún día, compatibilizándolo con otros proyectos.

Creaste tu propia marca siendo aún muy joven, con 0 € en tu bolsillo…

Así es… casi no tenía ni para coger el metro. Fueron unos años económicamente turbulentos, pero ello no detuvo mi ánimo de emprender mi propia marca de ropa.

No es fácil crear un negocio, por la diversa burocracia y las dificultades añadidas de comenzar en solitario, pero contaba con un hándicap que me hacía jugar con desventaja… estaba sin un duro. Para poder crear y mantener un negocio, hay que disponer de un mínimo de liquidez para soportar costes que me eran inasumibles, situación de la que soy consciente que desgraciadamente está pasando mucha gente. Y las subvenciones estaban, y me consta que aún lo están, supeditadas al pago de la cuota de autónomos. Incluso, teniendo en cuenta la cuota reducida de 50 euros, quienes legislan para impulsar el emprendimiento, no son conscientes de que mucha gente no se puede permitir dicho pago. Y la de autónomos de toda la vida, que jamás han tenido siquiera la oportunidad a acogerse a esa cuota deducida, pese a que muchos las están pasando canutas. Qué rabia…

Así que bueno, tuve que buscar socios que me pudieran complementar y con quienes pudiera hacer equipo, e inversores gracias a los cuales pude dar combustible a los primeros pasos del proyecto.

Para tratar de hacer algo, siempre va a ser necesario algo de dinero, aunque sea para moverse. Para crear un negocio, pese a las diversas contradicciones de diferentes organismos, también hace falta dinero. Para mantenerlo, más de lo mismo. Y todo ello, independientemente de los ingresos, algo inaudito en otros países y estados. Pese a que las condiciones para crear mi propia marca de ropa no estaban de mi lado, afortunadamente conseguí ir moviéndome para solucionar la carencia económica de aquellos primeros momentos.

¿Qué tiene de especial Nabari? Defíneme y explícame el concepto.

A ver por dónde empiezo. Por un lado, Nabari tiene de especiales sus valores. Los polos han sido hechos velando por el respeto a la dignidad humana y laboral de las personas trabajadoras, entre Barcelona y Portugal, hasta Bizkaia. He tenido que asegurarme de todo y de seguir cada proceso, no solo para garantizar las condiciones laborales, sino también para que todo el proceso fuese sostenible, sin tóxicos ni vertidos, así como con algodón orgánico de primera, libre de pesticidas.

También, Nabari tiene de especial algo que hemos patentado… un chip que hemos incorporado a los polos. Es de uso opcional, totalmente privado y seguro, mediante el cual, al interactuar con una App propia, ofrece diferentes utilidades: información de la última vez que fue puesto el polo, sugerencias de cuándo y cómo lavarlo, datos de su composición, posibilidad de grabar los datos personales ante situaciones de emergencia, personalización según los deportes preferidos… además de sorpresas y otras cosillas que podré conseguir ofrecer a corto plazo, todo ello mediante actualizaciones automáticas.

Y además hemos patentado otra cosa, en este caso, algo más curioso… los cuellos de los polos han sido tratados, mediante microcapsulación, con la molécula b-endorfina, también conocida como ‘molécula de la felicidad’. Esto lo conseguí hacer posible gracias a que labré la asociación con un laboratorio bilbaíno. Se trata de una baja concentración y la duración de las microcápsulas depende de factores climatológicos y de los lavados, pero, de todos modos, quien se ponga un polo Nabari que no busque la felicidad tanto por este elemento, sino porque el polo ha sido creado con valores, así como por los que trato de transmitir. Esta creo que debe ser la mayor razón para que alguien encuentre la felicidad en su polo Nabari, en los valores del mismo. El que esta prenda es ética y sostenible, el que sus raíces de aquí son y aquí seguirán, el que es fruto del esfuerzo y la perseverancia.

¡Ah! Cada polo tiene en su interior una discreta etiqueta en Braille que indica el color, para las personas ciegas. También incluyo Brille en la información que acompaña a cada polo. Además, con el chip y la aplicación, los ciegos también pueden oír el color. Hay quienes me han preguntado si se tratan de polos para ciegos, pero no. Se tratan de polos para todas las personas. Lo que quiero es ofrecer un producto inclusivo, para todas y todos.

Por otro lado, el suave algodón orgánico, las dobles costuras y sobretodo la bonita presentación de cada polo Nabari, lo hacen especial.

En el año 2013 viajaste a la India. ¿Qué tal fue la experiencia?

Muy enriquecedora e inolvidable. Pero también, muy duro y triste. Viajé a la India porque tenía idea de hacer los polos allí, aprovechando que es uno de los mayores productores de algodón y por su amplia tradición textil. Y debía, antes de nada, asegurarme de las condiciones laborales de aquél país… No podía confiar en fotografías o en lo que me pudieran trasladar desde la distancia cualquier proveedor o centro de producción, por muchas certificaciones que pudieran tener.

Hice bien en ir, porque vi la cruda realidad. Viajé por diferentes puntos de la India a lo largo de un par de semanas. Días intensivos de reuniones y desplazamientos sin parar, yendo de reunión en reunión. Allá adónde iba, inspeccionaba los centros de producción, preguntaba por los botiquines y extintores, por los descansos y salarios… Y me llevé muchos chascos. Demasiados. Vi niños trabajando -de hecho, en uno de los centros de producción los trataron de ocultar tras unas columnas, como si no les hubiera visto-, pocos eran los talleres con botiquines y extintores, o con unas condiciones claramente adecuadas para el trabajo. Curiosamente, en uno de los centros de producción, donde por cierto hacen algunas de las marcas más reconocidas en el mundo y donde no tenían ni botiquines ni extintores, pensaron que tal vez yo era realmente de alguna organización de derechos humanos. En otro centro, donde no tenían botiquines ni extintores, me dijeron que si lo que me preocupaba era el poseer algún certificado de prestigio de algodón orgánico, de comercio justo, etc, que podían alquilar botiquines y extintores… Lamentable.

Sé que hay centros de producción y talleres en la India que realmente hacen las cosas bien, pero son absolutas excepciones y si no se está allí permanentemente, es jugársela. Así que decidí hacer en Europa, para lo cual me moví por empresas tradicionalmente textiles en España, Portugal e Italia, aunque finalmente no trabajamos con este último país. De este modo, además de haber dado con buenos talleres en condiciones, higiene y seguridad, también he podido ver nóminas, hablar con trabajadoras y supervisar de primera mano el proceso. En la medida de lo posible, trato de, en todo el proceso de elaboración del polo, pueda haber contribuido a nuestro empleo y haber dado oportunidades a las personas con diversidad funcional.

Aunque salga más caro hacer aquí, lo tengo claro. Jamás me haré un Amacio Ortega, pero creo que los principios… la dignidad humana y laboral, así como el respeto al medio ambiente, están por encima de todo.

¿Dónde podemos encontrar Nabari a día de hoy? ¿Qué planes a futuro tiene la marca?

Por ahora, en pequeñas tiendas llenas de productos especiales. Concretamente, podemos encontrar Nabari en la Camisería Javier Jauregui de Las Arenas, en Wanderer y en The Circular Project Shop de Madrid, en Moda en Positivo de Barcelona, en la web DoTheWoo y en la propia web de Nabari.

Además, a comienzos de febrero de este año, venderé durante unos días en la tienda Galería 8360 de Indautxu, en colaboración con Lions Club International y con el apadrinamiento de Bizkaired.

Estoy trabajando por llevar los polos a mercados del norte de Europa y Australia entre otros, lo cual todo va por buenos cauces, pero para poder conseguirlo con éxito, tendré que seguir arreglando diversas adversidades que se me han presentado en el camino… así que me toca seguir poniendo la máxima energía por buscar financiación, nuevos establecimientos… y vender.

¿Algún sueño personal que te quede por cumplir?

¿Sueños? ¡Muchos! Sueño con llevar a cabo diversos desarrollos innovadores con Nabari para el entretenimiento y para la protección de las personas, así como crear más tipos de prendas. También, con lograr buenos ingresos en diferentes mercados para poder reinvertir, crecer y participar en diversas causas.

También sueño en crear más negocios, en los que poder desatar y llevar a cabo mil ideas, e igualmente cuyos pilares fundamentales sean el respeto al medio ambiente y a las personas, y contribuir de diversas formas al mundo.

En otros aspectos, sueño con encontrar algún día mi posición en el espectro político para tratar de contribuir a cambiar el mundo, al menos en la sombra, compaginando mi ocasional participación en el voluntariado.

Y sueño con la resolución de problemas, con que la buena suerte decida arroparme, con la llegada de soluciones y de grandes tiempos, con toparme y aprender de sabias y buenas personas, con tener una vida larga, plena y feliz.

Sueño despierto con muchas cosas y otros nuevos sueños que iré acumulando, pero confío en que mis sueños, en especial los que atañen a la vida misma, tal como los buenos sueños de los demás, al algún día se harán realidad.

 

Descubre más información sobre Ander Aldekoa y sus apasionantes aventuras en su página web.

 

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