Cuando tenemos hijos… no nos dan un manual de instrucciones!! 

Algunos padres y madres notamos síntomas en nuestros hijos (falta de atención, hiperactividad, impulsividad…) y nos preguntamos si es una conducta «normal» en un niño o podría suponer un problema de TDAH. (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad)

Algunos científicos dicen que el TDAH es una invención mientras otros aseguran que no hay ninguna duda de su existencia. ¿A quién vas a creer? Para ello hemos decidido preguntar a un experto, David Sojo, psicólogo especialista en niños y adolescentes.

Hola David. Lo primero… El TDAH, ¿existe?

Te voy a dar 3 claves para ayudarte a verlo más claro pero empecemos por el contexto:

Vivimos en la era del cerebro. El cerebro es el centro de casi todas las investigaciones y tratamientos en la psiquiatría actual, todo pasa por ahí. Las patologías son debidas a supuestos fallos en ese cerebro.

Este modelo, aplicado al TDAH tiene algunos problemillas:

1 ¿Cerebro dañado?

A día de hoy no hay un marcador biológico inequívoco, eso que está “roto” en ese cerebro, que señale la causa del TDAH.

Hay estudios con pruebas de neuroimagen que dicen detectar unos patrones en los cerebros de los hiperactivos que serían la causa, pero no son concluyentes. ¿Por qué?

Porque correlación no es lo mismo que causalidad. Por ejemplo, una subida del precio de las cerezas puede atribuirse a su escasez por las heladas. Puede también que aquel gurú de la salud que dijo que eran efectivas contra el cáncer haya disparado la demanda.

Correlación no quiere decir causa ni que sea la única variable implicada.

Además, en el caso de que hubiera estructuras afectadas, ¿sería causa o consecuencia?

Si meditas el cerebro cambia, si aprendes un idioma también, si practicas un deporte igual, si tocas un instrumento…

¿Es hiperactivo porque hay una estructura afectada, o hay una estructura afectada porque es hiperactivo?

El cerebro cambia constantemente, no es estático. Ese cerebro podría cambiar por llevar tiempo funcionando de una determinada manera, siendo esa estructura una consecuencia y no una causa. En el supuesto de que hubiera algo físico, que no se ha encontrado, no estaría claro quién es quién.

2 La medicación.

Creemos que los fármacos que tomamos actúan directamente en lo que está “roto” o desequilibrado arreglándolo.

Probablemente, el único fármaco que actúa así son los antibióticos cuando de una bacteria se trata. Todas las demás, aunque estén preescritas para un trastorno concreto, lo más probable es que se trate de una sustancia que, entre los múltiples efectos que provoca, se de una mejora en ese trastorno, pero no actuando directamente en esa causa concreta.

De hecho, la mayoría de fármacos se han descubierto por casualidad (serendipia). Por ejemplo la viagra iba para tratamiento de la hipertensión.

En el caso del TDAH esto se lleva al extremo. Los fármacos utilizados no son fármacos diseñados para actuar en esa supuesta lesión cerebral.

Básicamente son compuestos de anfetamina que mejoran la concentración, por lo que el niño estará mas tranquilo.

Esa medicación tendrá un efecto en cualquiera que la tome, este o no diagnosticado de TDAH. Ni siquiera actúa sobre esa supuesta estructura dañada.

Si lo toma cualquier persona que no esté diagnosticada de TDAH, también hará el mismo efecto. No actúa corrigiendo un supuesto desequilibrio ni arreglando nada.

3 El diagnóstico, esa peligrosa etiqueta.

El modelo médico precisa de una causa para aplicar un tratamiento. Modelo lineal aristotélico: encuentra la causa y solucionarás el problema.

Pero los razonamientos lógicos unidireccionales y unicausales no explican cómo funcionan los problemas humanos, porque éstos son de todo menos unicausales. La falacia de la causa simple.

Al ser humano le afectan muchas y diferentes cosas, y a su vez afecta a éstas y a otras tantas. Se entiende todo mejor usando la lógica sistémica en la que no hay una causa, un inicio, un final… Influyen muchas más cosas aparte del cerebro.

El cerebro, por muy de moda que esté, sólo es una parte de la ecuación: está conectado a un organismo y a un entorno.

Ese afán por descubrir eso físico que está mal y ponerle una etiqueta, un diagnostico, no está ayudando a resolver el problema. Etiquetar complica aún más el problema.

Un niño diagnosticado de TDAH tiene “licencia” para comportarse así. El diagnostico describe pero también prescribe.

Como comentaba aquí, diagnosticar no es la mejor idea para solucionar los problemas.

Conclusión

Lo que si existe, sin duda, es un niño que se comporta de una determinada manera y que tiene dificultades para adaptarse a los requerimientos de la vida escolar, familiar…

Se llame como se llame.

Si te centras en cambiar eso, sin necesidad de encontrar la causa, sin darle una medicación que no va a arreglar nada que esté roto y que además no es inocua, tienes más probabilidades de ayudarle.

En mi opinión esa medicación debería estar limitada a niños con muchas dificultades, y siempre enfocado a estabilizarlo para poder trabajar con él. No con la intención de curar, porque esa medicación no cura nada.

El niño no atiende en clase, no estudia, molesta, se mueve mucho… Hay un montón de herramientas para manejar esos problemas, de manera que profesores y padres no se vean desbordados, y el niño pueda ir labrándose un futuro.

Si mañana aparece una explicación inequívoca acerca de lo que es el TDAH con un tratamiento eficaz, yo sería el primero en animarte a usarlo.

A día de hoy tanto las explicaciones como el tratamiento que ofrece el modelo médico sobre el TDAH distan mucho de ser convincentes.

Lo que si ayuda es trabajar las dificultades que tiene el niño.

Más info de David Sojo, psicólogo.